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 Febrero 28, 1877 A mi querencia, Pluguiera al Cielo que esta carta sea leída cuando mi flébil condición ya no sea más. ¿Acaso la vida se empeña en concretar un destino luctuoso? este año ha iniciado con la pérdida de una entrañable figura, mentora del servicio, su descanso sólo ha despertado un sinfín de recuerdos que hoy se mudan en raudas enseñanzas. Hoy resta avanzar a un mundo mejor. Te escribí aguardando el hecho de estar en otra etapa, y aunque los hechos han cumplido su propósito, mi alma persiste en aferrarse a la posibilidad que no puede ser satisfecha. Sabes a lo que me refiero. Terminé los estudios de maestría, un pesaroso cargo que obedeció a la idea de mantener el ruido aún cuando caía la noche. No soportaba el ensordecedor escándalo de la soledad; hecho de llegar, saludar y despedir el deber del día. Sólo acumulé insomnio e inapetencia. Pero todo acabó y hoy me siento liberado, te reirás mientras leas esto, sé lo que tu mente carcajea en estos momentos: "siempre eli...

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