"Recolector de Emociones."

"Pero sólo basta con extender mi mano y recogerlos en el estado que sea, acariciando y guardándolos en mi gran y compacto bolsillo izquierdo sobre mi regazo, donde lentamente son transformados y absorbidos por este ente."

 Disponía a mis pies comenzar a moverse. La bóveda celeste ya estaba alboreando y necesitaba pronto acomodar mi bolsillo resguardador. Por un instante pensé en despuntar el bolsillo de su piso, y sumergirme en el calor del  febeo. Lo difícil de levantarse un día como hoy, es desconocer que es lo que encontrarás. Me vestí con mi nueva adquisición y salí en busca del nuevo solar. Estaba totalmente constreñido y lleno de paz… misteriosamente el tiempo se había esfumado y el mismo espacio, adelantándose, movía todo a mi favor. Con mis manos escondidas en el mar unido a la cascada de musgo-agua, comencé a recorrer las rutas de todos los días, pero esta vez, reinaba la libertad teñida de fuerza, porque así deseaba hacerlo.

Por mis ojos sólo pasaban manos, rayos de intromiradas, cabellos suscitados por el viento, enigmas en la resolución de colores en cada ropa, la intensidad de sus voces, el tono del cuello, la forma de caminar, la migración de aire entre sus cuerpos y el ambiente, la fuerza depositada en tomar las cosas, todo, tantas diferencias a mí alrededor tenían algo en común: emociones. Corazones totalmente cargados de puro flujo conmocionado. Y yo, bueno, soy fuerte cuando logro percibirlos en todo el mundo, es como leer el centro de las mentes; pueden decir una cosa, pero su corazón reluce otra.

El flujo arterial cada vez aumenta más, al pensar en algo, tocar cualquier cosa, haciendo que el cordón interno se encime en entender el atropello de sensaciones y pensamientos que se desata al simplemente vivir. Condenado me hallo cada vez que encuentro algo nuevo, cada vez que se me ocurre ver algo o escuchar detrás de la invisibilidad. Raramente el pesimista elocuente equilibra el choque del espacio dentro de sí, anulando la ambivalencia emocional.

Todo debe filtrarse, quedarse con lo bueno y desechar lo malo. Pero a veces no. La tristeza, la rabia, el ahínco, y los mil sentimientos generados a partir de lo opuesto, son los emblemas que nos permiten apreciar lo bueno de la vida. Pero no todos le toman importancia necesaria, ya que juegan con sus mentes e ignoran lo que sienten. Abandonando la esencia migratoria, toman sus emociones y las botan al suelo para ser pisadas, las lanzan al aire para que sean llevadas por el hálito o recortadas para esconderlas y deshacerse de ellas en el peor momento. Sólo necesito un ademán para comenzar a hacer lo que mejor hago. Un gesto, una mirada, un movimiento, un fruncido, cualquier cosa se convierte en un aliciente que activa todo mi sistema como un conjunto. Pero sólo basta con extender mi mano y recogerlos en el estado que sea, acariciando y guardándolos en mi gran y compacto bolsillo izquierdo sobre mi regazo, donde lentamente son transformados y absorbidos por este ente.


Yo junto emociones. Las junto para transformar lo que otros seres no pueden. Cambio emociones antes de ser desechadas. Inevitablemente salen a través de una mirada afable, palabras unificadoras, un solemne abrazo, una sonrisa nerviosa, un chiste mal redactado y una presencia tan serena como el aliento del cielo. No descansaré hasta que haya archivado todas las emociones en mi memoria, y todos hagan caso a las emociones racionales que doman nuestra conducta. Y si de algo estoy seguro y que premisa es a mi labor, es que todo sirve y se siente en la vida.

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