El farol

¿Si canto como acostumbran y, con la fuerza de los ojos cerrados, lo pido? Dicen que las reglas existen para romperse, los planes para intentarlos y los sueños para cumplirse.

No es extraño llegar a este punto acompañado solo por un farol. Cada cierto tiempo, es necesario separarse de ese lado humano tormentoso y comenzar de largo otra vez. Lo más chistoso de esta etapa es que bajo, subo, apuro el paso, escalo, trato de ir más lento, trepo en zonas más escarpadas, pero, aun así, me muevo entre cimas. Llego al punto que vi ayer, y desde aquí veo la cima de mañana.

Es extraño tener todo en orden, no necesitar algo, pero persiste el vacío que baila con la llama, que se refleja —por su vidrio— en la superficie de las rocas en el suelo, distrayéndome del espiral que desea emanciparse dentro. Supongo que es la humanidad que no se separó del todo.

A pesar del revoltijo que me acompaña, veo el atardecer de siempre, ese que el techo frente a mi ventana no puede ocultar. Y veo, veo cómo los rayos se retiran arrastrando sus colores hasta el confín del firmamento, donde el horizonte oculta las manos del sol. El frío suspendido, los colores azulados del pilotaje vespertino y la aparición de las estrellas en el manto profundo sosiegan el clamor sin voz entre los valles circundantes.

Frases de reels son tan buenas, les creo, pero cuando levanto la mirada a lo que está enfrente, las letras se derriten en el real menoscabo de los 32. Llevo semanas alentando un deseo, musitando entre dientes un anhelo desconocido. Desearía detener la fugacidad de la estrella a punto de caer, tener una pestaña entre las yemas de mis dedos, soplar una vela… pero no tengo nada, nada de eso ahora.
Solo tengo el fuego del farol y el chillido de su calor contra el hierro, condensando la humedad sobre el cristal.

¿Y si apago la llama? ¿Si canto como acostumbran y, con la fuerza de los ojos cerrados, lo pido? ¿Por poseer más fuego, no es más poderoso el cumplimiento?
Dicen que las reglas existen para romperse, los planes para intentarlos y los sueños para cumplirse.
No sé a dónde ir, cómo moverme ni qué hacer...

Atino a acomodarme la boina y apretar la manilla del farol mientras pienso, pienso, siento, imagino, siento y pienso, aferrándome a la idea del propósito. No hay respuesta aún. Solo el crujido del metal, la brisa, y el crépito de la tierra bajo el primer paso hacia la izquierda.

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