"SOMBRAS"

"No tengo nada más que ofrecerte, que este amor de sombras, tan profundo como el abismo más obscuro y ensordecedor como el silencio más obtuso; para atraparte en la nada, que yo llamo 'todo’."


Sólo atiné a seguirte entre la multitud, la emoción de encontrarte en plena calle después de tanto tiempo me resultaba fatal y adrenalínica, a tal punto de pensarlo mientras ya caminaba detrás de ti viendo tu cabeza en el horizonte resaltar entre el tumulto de rostros y cabellos que se dispersaban a medida que las avenidas se esfumaban. Temblaba con el ardor entre mis manos, aún no creo el hecho de tenerte a metros por acción de la casualidad viviendo en ambos extremos de la ciudad, y si todo resulta bien, situados nuevamente uno al lado del otro, con tu frente en mi hombro. Me detuve detrás de un poste para observar detenidamente tus movimientos y contornear tu sonrisa hablante, profusa y cuadrada, tal como me gusta, resplandeciente como el cristal en sus arcos. A cada paso entre las vitrinas me era imposible retener tu figura de miel azabache, era como si la gente intentara interrumpir tu señal o distanciarnos como cómplices omniscientes de un bucle final. Luces tan espectacular como siempre, con tus labios delgados y rojizos, tus ojos secuaces y negros al borde de la ironía; no sé qué pretendía ahora al seguirte como psicótico entre las paredes… La última vez que nos vimos y no nos hablamos dejamos armado el juego, así sería el resto de nuestras vidas, pero ya sabemos quién rompe las reglas primero, hay uno de ambos que no cumple con el contrato, alguien que desmerece nuestro reversivo pacto.

Te asienta tan bien el pasto, había olvidado lo tierno de tu semblante mientras descansas en él. Me escondí tras un árbol sigiloso y al filo de su contorno, hice la ranura perfecta para contemplar tu osadía entusiasta, que se resistía a volver al trabajo en un día de febrero. Me arrodillé siguiendo el borde del tronco y tratar de allegarme a tu espalda y pensar en algún discurso incoherente para hablarte y anhelar caer nuevamente en la aventura incierta de tu compañía. Pero fui vano y cruel en recordar el veneno que aún portas en lo más íntimo de tus pensamientos, juzgué tu pérdida de tiempo y deshice la áspera esperanza de amarte a gritos. – Me equivoqué otra vez. – Y no me quedó más reacción que tensar mi mandíbula y fruncir mis parpados para convencerme de la realidad, pero no pude. Aun en la oscuridad fanal repetía tu rostro inocente, y nuevamente te seguí. Te perseguí en mi mente para abrazarte y vigorizar al ser que no paraba de hablar y lanzarse al desventurado propósito de amarte.

Como me encantaría entrar en tu subconsciente y ahorcar a quién no te deja ser feliz. Liberarte de los fantasmas que no te dejan dormir y a quienes en la vigilia yo espantaba. Como anhelo volver a rozar tus rodillas mientras golpeteaba tus hombros, cuánto anhelo romper los botones plateados de tu sarcasmo y escabullirme en la prestancia de tu cuello pardo.

Podría seguir con el historial de monumentos que me encubrieron de tu mirada, podría rogarle al tiempo que detenga tu vida para alcanzarte un momento o simplemente demandar al sol esconderse para que estas sombras desaparezcan y así, sólo reine la oscuridad extinta y este amar no tenga contenciones… Pero no tengo nada más que ofrecerte, no soy como él, que puede llevarte donde quieras y explorar lo desconocido sin peligro. Sólo retengo este amor de sombras, escondido entre la multitud y oculto por cada silueta ennegrecida sobre el suelo, tan profundo como el abismo más obscuro y ensordecedor como el silencio más obtuso, para atraparte en la nada, que yo llamo ‘todo’.

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