La Conquista


De las cavidades del atrio unté

mi sangre como un veneno inmortal.

Y en un tiro de arco cruel suplanté

el descontrol fugaz, de eros brutal.


Mis brazos aferraron su proeza;

mientras el tósigo su cuerpo llena,

con su cruel agonía mi alma agreza:

solo su existir, mi pureza drena.


Custodié su respiro con el mío

su garganta devoré con denuedo

y en su labio, un beso reposé frío

¿Qué hice? ¡He muerto! ¡Mi vida también vedo!


¡Nos he condenado! mi yugo jura

¡Amor es tu turno! ¡lanza la cura!


Soneto N° 4, 2026.

Estructura tradicional isabelina (Shakesperiano).

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