Febrero 28, 1877
A mi querencia,
Pluguiera al Cielo que esta carta sea leída cuando mi flébil condición ya no sea más. ¿Acaso la vida se empeña en concretar un destino luctuoso? este año ha iniciado con la pérdida de una entrañable figura, mentora del servicio, su descanso sólo ha despertado un sinfín de recuerdos que hoy se mudan en raudas enseñanzas. Hoy resta avanzar a un mundo mejor.
Te escribí aguardando el hecho de estar en otra etapa, y aunque los hechos han cumplido su propósito, mi alma persiste en aferrarse a la posibilidad que no puede ser satisfecha. Sabes a lo que me refiero. Terminé los estudios de maestría, un pesaroso cargo que obedeció a la idea de mantener el ruido aún cuando caía la noche. No soportaba el ensordecedor escándalo de la soledad; hecho de llegar, saludar y despedir el deber del día. Sólo acumulé insomnio e inapetencia. Pero todo acabó y hoy me siento liberado, te reirás mientras leas esto, sé lo que tu mente carcajea en estos momentos: "siempre elige algo que no quiere, pero siente del deber de hacer" o "la congoja de estudiar lo impuesto cuando ama aprender" imaginarás mi rostro cuando el sopeso del aburrimiento se cargaba en mis hombros y me forzaba a mantener despierto el interés en medio de las cátedras. Pero terminó, ha concluido y recibí el laureado diploma de una maestría, ya lo verás y comprobarás cuando retornes, ¿Es tan lento el movimiento de la ingeniería humana? ¡Deberían poner plumas aladas a los vagones y agilizar su marcha! ya lo dicen los bocetos de Leonardo.
He retomado la pintura, una amiga me animó fervientemente al solaz pincel y ya estoy dando los últimos dardos al cuadro, creo que los últimos meses el recóndito idilio me impulsa a vagar por lo que era y me susurra a lo que estaba destinado ser. Me tomarás por un postrero loco, pero ¿Recuerdas cuando éramos niños y era sorprendido hablando conmigo mismo? qué tiempos para solucionar todo y acallar el fatum. He sido absorto estas semanas pensando en la implicancia del destino; se acelera lo indómito y tiemblan los goznes de la prudencia que lustré desde niño. Me atemoriza estropearlo todo y tratar como bagatela el futuro que se asoma como fruto al vesperal. Pero, ¿Quién no se vuelve un imbécil cuando es lanceado por el amor? Sí, el talón de Aquiles sea engrosado, está a la vista, sólo falta la herida junta.
Mis padres están bien, me preguntan frecuentemente por ti, y siempre contesto lo mismo: a la espera de tus misivas. Mi hermano menor rompió su compromiso, su semblante sea entristecido, no sé como ayudarle por que nada sé de eso, pero oro por él. Este verano viajé a casa, estuve dos semanas con ellos, dejé la finca y los sembrados en orden, pero no pude extender la estadía cuando ya madura el sol y se enfrían los vientos. Con mi madre visitamos los museos de la ciudad, su voluntad me sigue inspirando.
No desesperes con mi estado, como sabes, a veces es un umbrío, otras un albor. Ten a bien aconsejarme aunque la pluma se entierre y hiera el ser, confío que es lo que debo escuchar, aunque no prometa oírla.
Que los vientos os lleven mi voz y el alba os traiga mi recuerdo.
Tuyo en la distancia, más cercano en el alma.
FZ
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