M U R O ◘ N E G R O


"Desgarré el retorno del firmamento y exploté las arcas petroleras en el fondo del mar. Aunados a mi logaritmo interno, hice la aleación indestructible entre las tres potestades fundidas en esa mezcla, tan oscura como el carbón muerto en la soledad de la tierra. Encuadré mis manos en cuatro ángulos para formar un nuevo exponente y hallar su sentido en aquel muro negro, cumpliendo la única función de su creación."

  
Arrodillado sobre la tierra, unía mis manos a la creación conscripta dentro del balde céntrico entre mis muslos. Bajo mis rodillas aplastaba los vestigios fúnebres de la pasta asfaltada, al escapar súbita de mis manos, mientras permanecían enterradas en el balde, contenedor de la aleación carbónica. Mezclaba todos los componentes y entre más unificaba todo, más espesa y difícil se volvía trabajarla. Mientras más oscura se volvía la mezcla, más resplandecían las lágrimas sobre su superficie. Tomé la masa negra y la llevé a uno de mis costados para hacer de ese barro acuoso, un nuevo exponente de la construcción.

Encuadraba mis manos en cuatro ángulos para lograr la forma del cometido, me inclinaba hacia delante y en retroceso para amasar sobre aquel circulo de cobre, la pasta acuosa que comenzaba a espesar al calentarse. Sentí el peso del cansancio sobre mi espalda y su cadena sobre mi cuello amante de la gravedad, combinado al flagelante palpitar atónito ante tanto sobre-esfuerzo. Concebía mi fuerza encerrada sólo en mi alma, con su potencia completa ahí, nada malo podía suceder. Sin embargo, hoy comprendí que la fuerza de este hombre se traspasó a cada fibra del cuerpo. Sobrepuse el límite físico al combatir el desfortunio imprevisto y hacer frente a quién ose volver a desarmar algo sin mi sedancia. Por menos mal, poseo habilidades manuales, sería el granulo que rompería el vaso, siendo realmente el inmerecido, que clamaban las voces del ayer. Con total disminución del pulso y el autocontrol dominante en mis terminaciones, moldeaba cada ladrillo escocés a partir del barro quemado por las brasas de un sentimiento desconocido y antagonista, en el centro de mi pecho.  

Quemaba mis manos cada vez que tomaba un nuevo bloque de cisco hirviendo en aquel horno a la intemperie. Una vez cocido, lo aferraba a mis palmas, como la única esperanza en la faz de la tierra, y al voltearlo en las laderas del río, permitía que sus corrientes le dotaran de calma y juicio. Lo sumergía en el agua de mis perseidas para aunarlo a la capacidad imperativa del olvido y la partida. Y al mismo tiempo que mis manos destrozadas entraban a las aguas, se sanaban para poder sacarlo. Tomé aquel ladrillo en mi regazo para valorar a partir de mis ojos, el polvillo argénteo, universalmente inapreciable que rasgaba sus caras. Las líneas productivas de la alineación, generaban un hermético bloque rupestre que muy pronto sería inmortalizado por la nueva causa de este hombre negligente del amanecer propio.

Una vez frío, tomaba el ladrillo neófito, más oscuro que el petróleo, y lo ubicaba sobre su antecesor, quien ya estaba totalmente petrificado e impregnado al muro, indudablemente investido con el retorno del firmamento. Tomé distancia de la figura arquitectónica que acababa de levantar desde sus cimientos, para contemplar su alto, el grosor y la imponencia de un término, la ingenuidad de estar creciendo sobre algo que deseché, y que siempre usé para continuar maniobrando la misma vida. Los problemas y la adversidad jamás desaparecerán, siempre estarán tocando tu espalda y te golpearán hasta que no puedas moverte. La decepción, la soledad, la frustración y el desaliento se fundieron en cada mezcla y viven en cada ladrillo, formando parte de este muro negro, al cual me enfrento por primera vez cara a cara. Podré ahora estar arrodillado, pero hincado sobre una sola rodilla, y no descansaré hasta recobrar lo imparable que forjé en mí todo este tiempo. El mundo que vivo es para fuertes, y lo soy, y utilizaré todo a mi favor; siempre lo hago, y aprenderé… lograré reírme de la adversidad y hacer piruetas encima de ella, podré y haré, porque cada cosa y obstáculo en la vida, me harán fuerte y serán los que provoquen, que me mantenga en pie… hasta que pueda sostenerme, incluso, con una sola mano.

Comentarios

Entradas populares


¿Vendrías verdad?