Auld Lang Syne

"Esta era la serenidad que necesitaba para dejar atrás el bullicio del 2025, con sus altercados con el deber, el agravio de permanecer cuando sé que debo irme, el acantilado de la posibilidad hecha amor y un cambio sin una opción clara."


La nieve crujía callada entre tanto me acercaba al borde del muelle. Inerte contemplando los montes cubiertos de árboles de hielo, respiraba el vapor vespertino de orión. Se acercaba la hora de abordar el último navío al fiordo, seguro seré yo y el maquinista; obligado por un pasaje comprado a última hora por un hombre solitario pero decidido a cumplir lo que desea, alguien que ha entendido que nadie vendrá a salvarlo de su propia mente, ni peleará sus batallas, celebrará su gloria ni alcanzará sus metas. 

El silbato de vapor irrumpió la mudez del valle, pareciera que las luces llegaron a titilar al margen del estruendo, pero no apagaron su llama. Tomé la mochila del suelo y la cargué en mi hombro para subir por el riel de ampolletas que dirigían el trayecto a lo largo de la cubierta, no habían pisadas trazadas, era clara evidencia de que la embarcación permaneció inmóvil todo el día viejo. El último día del año se caracteriza por el rápido movimiento de sus mañanas y la paulatina quietud de sus tardes para dar paso a la alegría de la noche en vísperas del cambio de calendario. 

Caminé por estribor hasta la popa para relajarme con el movimiento de espaldas y escuchar cómo el sonido de las aguas partidas se volvía a unir en la estela. Desde el centro del fiordo se divisaba cada hogar encendido, con un coro de personas reunidas preparándose para recibir el Año Nuevo. El vaho se en la distancia a medida que yo murmuraba, casi cantando Auld Lang Syne; la nevisca cortaba los aros de las palabras con sumo cuidado.

Y sí, esto sucedía tal como lo había esperado; solo, en medio del fiordo, oyendo el silbido de la máquina orquestada por el viento y las aguas; viendo las luces en el arcén de las laderas y escuchando a lo lejano las risas y conversaciones de los habitantes. Ver apagarse el cielo para ser cubierto por las estrellas boreales, acompañado de los faroles encendidos y las luces que perduraban desde Nochebuena para mantener el espíritu de regocijo y paz. 

Esta era la serenidad que necesitaba para dejar atrás el bullicio del 2025, con sus altercados con el deber, el agravio de permanecer cuando sé que debo irme, el acantilado de la posibilidad hecha amor y un cambio sin una opción clara. Envolví toda esta incertidumbre en una carta anónima entre las ramas del pino enano, cálidamente iluminado, que me ha hecho compañía durante todo el trayecto. Sosiego, por favor; sosiego. 

No sé cuanto tiempo dure este viaje al mar, ignoro qué haré después, pero ahora vivo mirando al cielo mientras los faroles oscilan para celebrar un año nuevo. Vendrá con más oportunidades y batallas, pero que saldré vivo de ellas, como en todas las anteriores. No tengo un plan terminado, pero me tengo a mí mismo para seguirlo. 2026, no eres algo ni alguien, pero recíbeme bien al menos por esta noche.

Comentarios

Entradas populares


¿Vendrías verdad?