Cristalino bajo la Lluvia.

No sé si las gotas de lluvia querían acompañar a mis lágrimas o hacerme más irritable aún, cayendo sobre las brisas de mis ojos. Pese a todo, esta mañana me sentía bien, después de 18 años fue la primera vez que dejé que la lluvia cayera sobre mis hombros sin recibir ningún grito a cambio, sin pensar en las consecuencias de este acto, darme un espacio que siempre he querido, que completamente solo, viera el cemento resbalando a las hermanas caídas de su superficie, que de forma resistente no intentara refugiarme bajo ese gran árbol que se encontraba parado a mi lado izquierdo.

Metí mis manos en los bolsillos de mi chaqueta para buscar el calor y poner de nuevo en marcha el recorrido de la sangre yacente en mis manos. Hubiera sido ideal sentarme en una de las más de diez bancas ordenadas en todo el borde costero del pavimento, pero todas estaban cubiertas por una fuerte capa de goterones reunidos por su tensión superficial. Mi mirada comenzó a desplazarse hacia el sur y encontrar su rostro desde el segundo piso, más era imposible, la incertidumbre de que si estaría pisando el mismo territorio que yo ya me estaba haciendo el nudo en la garganta. Mi pregunta ahora es ¿por qué? No sé si sabe que estamos jugando al tira y afloja, pero ya el cordón de algodón que ata mi muñeca a la suya se estaba haciendo más pesada producto del agua a lo largo de su contención. En eso el viento frío y húmedo sacó el gorro de mi cabeza y poco a poco las patillas a ambos lados de mi cara comenzaron a brillar reflejando la luz proveniente del sol tapado por las densas nubes que hacían de este día uno de los más fríos de mi vida, sin duda alguna lo sentí así ya que no quise abrigarme más de lo que solía hacer.

Mi camisa cuadrillé soltó un escalofrío tras rescatar una gota que se deslizaba entre las pocas hojas que sostenía la rama sobre mi cabeza, terminando por esconderse entre mi espalda y la única camiseta que traía. De nuevo me impulsé a caminar un resto y pasar por debajo de aquel árbol tan extraño, el único que he visto que tuviera tal cantidad de flores en su follaje, flores pequeñas, blancas, que habían expulsado a las hojas que protegían de ellas antes de nacer. Sinceramente mirar por debajo de ellas hacia el cielo es una de las pocas imágenes que tendré grabadas bajo el cristalino. Mi torso soltó un bullicio silencioso en forma de vapor, que buscó su camino hasta desaparecer tras mi oreja izquierda, mientras mi nariz friolenta rozaba con el aire, miré como nadie se encontraba a mi camino, tenía todo ese especio para mí, la única diferencia a veces anteriores, es que ésta no la compartí con nadie. Sólo contigo si estás leyendo esto. No veo todo negro, el cielo de día puede estar griseado, más nunca oscuro, ahora estaba desahogándose, pero no estaba solo, yo estaba con él, debe ser cansador mirar todo desde arriba. Mientras tanto en ese mismo instante no estaba pensando en eso, sólo miraba el difuso reflejo de mi zapatilla al costado más mojado. Giré mi cabeza y unas gotas se encontraron con el cierre de mi chaqueta dividiéndose supongo, porque mi vista se encontraba con el pasto verde, más bien tierno, que uniforme cubría ese pequeño espacio, y al momento de ser pisado se defendía hundiendo al agresor tierra adentro. Paso a paso me acercaba al comienzo del día, las posas de agua chocaban con mis pies impidiendo que pudiera llegar a tiempo, en ese mismo instante fue inevitable mirar hacia atrás y ver tan perfecto momento, por un momento quise retroceder, sentarme en una banca y esperar que la lluvia me digiera que no pasaría hasta que me sintiera mejor, más me susurró al oído que todo estaría bien, y que debía seguir caminando hasta que ya mis pies necesitaran recibir más calor y reencontrarnos de nuevo.

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