DIPLOMÁTICO
"Admito crear un centenar de protocolos improvisados para asegurar el momento... más no sé cómo pasó, pero me siento tan seguro de mí mismo; no por arrogancia... sino porque sé qué lugar estoy ocupando hoy, siendo este mi prócer desafío: unificar a Dios, la corona y medio centenar de países."
Si lo hubiera descubierto antes, habría gastado todos los recursos para serlo. Debo admitir que vibro con los protocolos, el mundo necesita un orden y sí llegara a desmoronarse la autoridad cívica o moral, habremos algunos retorcidos de la estabilidad progresista que tomen el control aunque sea necesario abolir lo preexistente. Lo que acabo de mencionar no es nada menos que una idea fantasiosa sobre el rango que me rehusé a cumplir en muchas ocasiones. Retraté el instante en el que solo me paseaba por un aeropuerto extraño y extranjero, creía no saber qué estaba haciendo, pero ahora que miro hacia atrás, sé precisamente lo que hice, caminé entre un mar de personas desconocidas cargando un bolso y empujando una maleta media vacía con un rostro de plena seguridad, torcida sonrisa austera y frente en alto mientras esquivaba miradas espontáneas entre las personas.
Me senté en el tercer asiento de la tercera fila que daba a las terrales ventanas que protegían a los vulnerables seres humanos de máquinas voladoras girando en su pista. Me senté con la mirada seria y penetrante que me caracteriza e intenté inventar algo que llaman sonrisa... preciso ser honesto, es la primera vez que actúo de verdad; hablo de que sí estaba intentando aparentar suprema seguridad, pero a la vez era... genuina. Espalda recta, pies juntos y bostezos arrastrados por el tiempo.... cruzaba las piernas de vez en cuando para leer cerebralmente, porque estaba vertiginoso observando los ocho puntos cardinales de la tierra. Hace ya un par de años que me prepuse una transformación personal verdadera, para la cual trabajaría esforzadamente hasta alcanzarlo... cordialidad natural... y lo logré... quienes me conocen sabrán el desastre que era, nadie se percató del cambio, ni yo tampoco, el asunto es que siento ir en buen camino... aunque el plan era pasar desapercibido, lo quebré y quemé en cenizas cuando asentía y saludaba a personas que percibía exhibirían mi gesto y lo devolverían. No todos los días viajas a otros países y conoces gente que se estremece igual que uno.
Saqué extroversión de no sé dónde, y eso es lo maravilloso de ser quien uno es; sigo siendo introvertido, pero no lerdo, yo lo era; dejaba pasar oportunidades por no hablar, por no pararme, perdía cosas y lugares a los que si deseaba ir, amordazaba un sentimiento de ímpetu frente a los derechos que a cualquiera se le dan... No vale llorar en el pasado, sólo recalco esas paradas, que aventuraron este camino hoy. Cuando me embarqué iba totalmente confiado en el futuro, no me pertenecía, pero sé que era el mío. Es un misterio como me crucé con dos personas, con quienes compartíamos un temario tan amplio que dejábamos todos los contenidos inconclusos; un médico cirujano y un empresario independiente, fueron los grandes compañeros de viaje, transitar en las últimas inversiones nacionales de salud y después en la historia económica comparativa entre Chile y Bolivia. Sin discordia, no fue un debate, no fue un foro, sólo fue una conversación fluyente entre dos desconocidos puestos en la misma fila de avión. Me encantaría tener una grabación, mi papá sin duda se hubiera sentido orgulloso, es más, debió televisarse.
Recuerdo descender del avión y saludar a algunos conocidos en la ruta ya despedidos por sus destinos. Caminé tan contento cargando esa maleta... Al paso vi a mi escuadrón de bienvenida, saqué mi bandera, sonreí y estreché fuertemente la mano de quienes me esperaban igualmente... les abracé como si ya les conociera de tiempo... cómo pasó es un misterio, pero me siento tan seguro de mí mismo... no por arrogancia... sino porque sé qué lugar estoy ocupando. Sacamos la foto oficial de arribo, y sin palabras rebuscadas, sentía que mi persona ya había dado un discurso con la boca cerrada. No sé qué hice en una semana, pero al terminar sorpresivamente, me nombraron como Diplomático en jefe de este encuentro hipercultural de un año. Aunque no lo sea, me siento prácticamente como el primer ministro británico; debiendo unificar a Dios, la corona y medio centenar de países.

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