Febrero 28, 1876

A mi querencia más profunda,

Han sido tres años de silencio, a pesar de recibir tus cartas, mis fuerzas habían menguado para responder a un destino galano y añorado demandantes en ellas. Era mejor para mí menguar tu atención y despreciar mi parva desgracia. Han transcurrido dos años en que mi alma se ha enlutado por la partida de mi abuela, su salud decayó mucho durante el verano de 1874, como una vela de llama tan frágil se durmió apacible y sus lumbres permanecieron tiernamente yertos aquel domingo terrible. No había tiempo que perder, esa mañana con ardimiento eché andar el tren imaginando que a causa de mi cuita la máquina era jalada por un centenar de caballos más para apresurar mi arribo.

No pude besarle, yacía en el féretro hermosa y callada y sólo en un día pude engarzar nuestros recuerdos antes que bajaran a santa sepultura. Mi familia se comportó honorablemente, el servicio fue sencillo y no pude aportar con algo más a parte de un macilento rostro y cantos para despedir en destello de esperanza nuestro futuro reencuentro. Su tumba yace delante de un carril adarme de abetos que alborean sus jornadas entre las montañas... 

Y así, así han transcurridos las estaciones... ahora más repuesto, te confortará saber que no me aislé de las temporadas sociales que la vida citadina convoca, he cumplido con cada invitación a las cenas y fiestas te confortará saber que patrociné a mi hermano menor envuelto en un desposorio que esperamos se lleve a cabo en la próxima primavera y continúe nuestra ralea con presencia en el valle del este campestre. La finca por fin se vestirá de oropel para una nueva ocasión, las siembras y cosechas se han comportado admirablemente lo que me mantiene estable en el mercado, he proyectado viajar aun más al sur para extender nuestra albricia.

Entre otros hechos, casi perdimos a mi padre en el pasado invierno, su cerebro sufrió de un ataque, fue atendido raudamente, su cuerpo lánguido ha tomado fuerza paulatina. Mi madre lo reta a diario por sus descuidos, pero bueno, es un enlace trémulo a estas alturas. Mi hermano ha viajado a Centroamérica profusamente amenazado por sus cercanos ante el peligro exponencial del imperio mexicano a portas de una nueva rebelión con el norte. Quisiera evitar tantas desgracias, pero como he descubierto hace 10 años, no puedo ninguna, la zozobra aparece sólo por cortesía a mis 31 años, pero la ufanía es mucho mayor cuando despierto en la realidad, esa que parecía entelequia en el pasado y hoy causa un arrobamiento y un sosiego que no deseo explicar porque no lo necesito.

Permanezco prendido buscando el amor, no desisto de su melifluo, aunque el salón recaba con sus prospectos aún no emerge el paso correcto. A veces pienso que es una función teatral que me amostaza volviéndome de un porte aciago para ojos ajenos, me siento exangüe cuando me concentro en esta rutina, pero te alegrará saber que estoy labrando en mí fornidos hábitos para fortalecer mi mente, mi cuerpo y dejar atrás el pesado sentir de los tres últimos años. El presente se está volviendo un hontanar de posibilidades, no voy de prisa, pero sí presto a sortear los obstáculos como bagatelas en el camino. Mientras haya hálito, habrá movimiento en esta casa, el servicio me alienta a seguir. Persevera por ese mejor mundo venidero. 

Que los vientos os lleven mi voz y el alba os traiga mi recuerdo.

Vuestro en la distancia, más cercano en el alma. 

FZ

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