Toño

"Molí las hojas de abedul y melisa en el mortero, unté la pasta sobre las heridas y las cubrí con las hojas de maqui cocidas para esperar su efecto. La superficie del agua comenzaba a desprender el tibio aliento de la leña, era el momento  de  sumergirme y permitir al toño su poder salutífero."

Molí las hojas de abedul y melisa en el mortero, unté la pasta sobre las heridas y las cubrí con las hojas de maqui cocidas para esperar su efecto. La superficie del agua comenzaba a desprender el tibio aliento de la leña, era el momento de dejar flotar las cortezas de sauce y las ramas de romero fundiéndose en la tinaja metálica que se encorozaba con la negrura del frío y el carbón a causa de la neblina que a ratos se escabullía con el viento. Me sumergí porque el estanque estaba en su punto, el otoño había dominado el cielo y en su bienvenida sus hojas se esparcían alrededor para fortalecerme, acobijarme, gritarme que Dios; su determinador, me amaba y me regalaba este momento. Me afirmé a los bordes de la tina calientes esperando que la presión en mi estómago desapareciera lentamente mientras mi cuerpo se templaba con la infusión que lo ondeaba. Debo ser cuidadoso con las heridas o sino la mezcla se desharía y no cumplirían su propósito, tan altos robles tachonaban el espacio preocupados de hacerme sentir seguro, podían percibir mi agitación, ese pálpito de preocupación sin una causa aparente, que me mantiene hiper-alerta y conmocionado por el presente. Y al mirar hacia el pasado, sobreviví a lo que muchos temen, aprendí a convivir con la ansiedad y por tantos años vestido con ella, es oportuno despojarme de ella y sanar en estas aguas; qué difícil es desnudarse sabiendo que deberás abrir heridas cicatrizadas con una marca que hoy puede desaparecer o en el escenario más desfavorable, quedar mejor. 

Es el tiempo de sanar, llegó el momento de aceptar lo que he sido y avanzar definitivamente, por eso permanezco quieto en el agua para relajarme; quedarme inmerso en el estanque, cambiando su agua, yendo a recolectar nuevas hojas y ramas, y echar el ungüento sobre estas heridas que durante estas semanas buscarán sellarse. Miel no falta claro, antes de entrar a un proceso de desintoxicación, debes justamente, limpiarte, decidí dejar hábitos que me estaban dañando, hiriendo en el alma, y para ello, dejé de consumir azúcar en lo que puedo, ahora preparo todo con miel, e incluso en la urgencia, unto miel sobre las marcas para desinfectarlas de esas palabras y reacciones que vienen en los recuerdos que a la verdad no le sirven a nadie y quedarán extintas en las cenizas del olvido.

El tiempo, yo y el tratamiento harán lo suyo, y sobre todo Dios, que cumplirá su propósito en mí. Dejémoslo en toño, este será su nombre, porque será el periodo en que el otoño, mi estación favorita hará su magia otra vez, esta sanación prosigue su curso y volveré a entrar a mi cabaña mejorado y contento.

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