La Ventana
"Es un telescopio plano que te permite ver lo exaltado a escondidas, enfocar la belleza difusa, y enmarcar tu reminiscencia a un álbum sin par."
Creo que nunca agradecí por un dolor de estómago. El mismo que me despertó tres veces en la noche, me regaló un momento en el espacio del silencio, mientras toda la casa dormía, me levanté para dar vueltas en una casa arrojada en la sombra nocturna, y escuchar el crepito natural del viento rugiendo sobre un tejado nuevo. De pronto, el limpio cristal comenzó a mancharse con gotas cruzadas, detenidas por la interrupción de una transparencia; y la lluvia apareció de un momento a otro en un cielo en breve despejado, combinándose las huestes del sur y el vapor atlántico, y así, intensificar el color de toda superficie desprovista de un techo que le proteja de la caída fluvial.
Me olvidé del dolor, para quedarme sentado sobre mi
camarote viendo los relámpagos germinar mudos en el horizonte del occidente,
pareciera que cada estallido en la lejana cadena de montes se precipitaba al
impulso cercano. Nunca me detuve a contemplar la lluvia desde las alturas...
desde un 4° piso, iluminado por la bajeza de un farol, intentaba captar el
recorrido de una gota desde su alumbramiento hasta su desaparición en el adoquín.
Pero resultaba imposible en la marea fugaz que se precipitaba en un cielo
confuso por la noche y su clima inesperado. Me apoyé en la ventana para
percibir el frío resistente peleando contra el calor de una tierra tropical. Me
acosté con cuidado para cerrar mis ojos y escuchar solamente la lluvia y su
furia detrás de un mero cristal.... hasta que dormí imaginando estar afuera.
Al despertar hoy, se mantenían las gotas suspendidas sobre la ventana,
se resistían a moverse, o inquietarse por la estampida que caía desde la
madrugada. Es como sí quisieran permanecer allí, aferrarse a la fantasía de
cruzar el vidrio y entibiarse en el despertar de tres soles. Simplemente,
descubrí las calles vacías porque el camba no sale con las heladas, investí a
la lluvia frágil y dejé a los recuerdos transcurrir entre las pozas de agua.
Podemos lograr una meta, vivir el cumplimiento de etapas y otro
proyecto, pero nada se asemeja al sueño cumplido, a un episodio extendido con
duración indefinida tan lejano a su declive, que mejora con detalles que te
hacen feliz, volviéndote más feliz. Me gusta mirar detrás de las ventanas. Es
un desafió contra los minutos dibujar sobre ellos hasta que el espesor de la
humedad escurra por la gravedad a su dintel. La escarcha en sus caras es garantía de
que lo bueno está afuera esperando. Por esto, afirmo que una ventana, es un
telescopio plano que te permite ver lo exaltado a escondidas, enfocar la
belleza difusa, y enmarcar tu reminiscencia a un álbum sin par.

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